De los inicios de la televisión en México.


Hace poco más de un mes, el 17 de diciembre para ser exactos, el monstruo capitalino despertó con una novedad en sus televisoras: la señal analógica, que por 65 años había sido la encargada de llevar entretenimiento hasta nuestros hogares, fue relegada ante una frágil y por demás polémica señal digital. Una novedad no tan nueva, ya que desde el 2013 Tijuana había iniciado el cese de transmisiones analógicas, aunque claro, lo sucedido en la zona centro del país bastó para poner a México en el mapa de las telecomunicaciones, al ser la primer capital importante de América Latina en realizar dicha trasformación.

Apropósito de ello, un día como hoy, pero de 1963, nuestro país gozó de la primera trasmisión comercial de TV a color. La posibilidad de generar un vínculo más estrecho entre el televidente y las imágenes trasmitidas fue una realidad, ya no se trataba solamente de ver una historia divertida o informativa, la televisión se había vuelto detallista y su coloración advertía la consolidación de una nueva época, llena de desarrollos tecnológicos y de nuevas formas de comunicación masiva, tan eficaces que trasformarían para siempre el devenir humano.

No obstante, dicho acontecimiento está rodeado de una tumultuosa historia cuyos inicios pueden ser rastreados en el sexenio de Lázaro Cárdenas (1943-1940), cuando el fin de la Revolución Mexicana y los estragos que había dejado hacían necesario el impulso de una nueva estrategia que reactivara la economía. Frente a ello, el llamado Modelo de Sustitución de Importaciones (MSI) aparecía como una alentadora esperanza para el tan anhelado desarrollo; en un país mayoritariamente rural, la difícil estrategia esencialmente consistía en el fomento y desarrollo de una industria manufacturera nacional que pudiera sustentar el consumo  interno sin la constante dependencia de los artículos extranjeros.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 contribuyó a que el MSI tuviera un relativo éxito en su aplicación; con los principales países industrializados enfrascados en dicha contienda, su exportación de productos hacía tierras mexicanas se vio disminuida, aunado a ello, la implantación de aranceles más elevados y la alta inversión estatal por parte del gobierno posrevolucionario, que llegó a cooptar hasta más del 50% del presupuesto federal1, pronto generó grandes cambios en nuestra sociedad.

Este dinamismo económico tuvo como consecuencia un relativo periodo de bonanza (el cual encontraría sus limitaciones a finales de la década de los 60) que colocaría a México en una posición privilegiada frente al resto de los países de América Latina y, paralelamente, trasformaría profundamente las características de su entorno social. Paulatinamente se abandonaba la faceta rural que por tanto tiempo había caracterizado al país ‒no por ello sin de dejar de depender profundamente en el sector agropecuario‒ en pos de una incipiente urbanización, que a su vez se veía ensanchada por una notable migración campo-ciudad y un aumento demográfico que se hizo patente, principalmente, en la clase media.

Además de ello, la industrialización trajo consigo la búsqueda de nuevas tecnologías y mano de obra calificada que pudieran dar pie y mantenimiento a dicho desarrollo. Razón de esto fue el surgimiento del Instituto Politécnico Nacional en 1936, no sin existir previamente algunos intentos por establecer centros educativos que satisficieran dicha demanda, como el Instituto Técnico Industrial de 1921.

En 1930 las aulas de la Escuela de Ingenieros Mecánicos y Electricistas, hoy ESIME, fueron el hogar intelectual de una de las mentes más cooperativas en el campo de las telecomunicaciones: Guillermo González Camarena. Cuando estudiante, su interés por la innovación tecnológica lo llevó a construir un sistema de televisión casero con partes compradas en las recién inauguradas tiendas especializadas en electrónica y otras de segundo uso adquiridas en el mercado de Tepito.

fdsff1939 fue el año que vio la culminación de aquel proyecto que González Camarena inició siendo estudiante, el resultado fue el surgimiento del Sistema Tricomático de Secuencia de Campos, un dispositivo que consistía en un par de discos con filtros de los tres colores principales; para su funcionamiento era necesario tener uno desde el dispositivo que grababa la imagen y otro en el que la recibía, además de una señal que sincronizara ambos discos. Sin embargo, dicho sistema implicaba altos costos, sobre todo si se tenía intenciones de implantarlo de manera comercial, por lo que el proyecto, si bien tuvo los resultados esperados, no pudo trascender, aunque con ello habían quedado sentadas las bases de un sistema de trasmisión televisiva en México.

Pasaron 11 años para que a nuestro país llegara la televisión comercial, los canales 2 y 4 fueron los portavoces de dicho cometido. La razón del acontecimiento es atribuido a una serie de factores conectados entre sí: con el sexenio de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) había llegado un mayor interés por echar a funcionar a la televisión mexicana, mismo que se vio traducido en una comisión constituida por Salvador Novo y González Camarena.  Su misión consistía en viajar a Estados Unidos, Francia e Inglaterra para evaluar sus modelos televisivos y poner en práctica al mejor en nuestro país.

Por un lado, la comisión tenía a uno de los intelectuales más  reconocidos de la época, su carrera en la industria de las artes dramáticas  lo convertía en un excelente crítico sobre los contenidos televisivos; por el otro, un pionero en el desarrollo tecnológico de las telecomunicaciones. El resultado de dicha comisión no fue unánime y el veredicto de los jueces dependió enteramente de su formación: mientras González Camarena se inclinaba por el modelo estadounidense, debido principalmente a su practicidad tecnológica y basta aplicación, Novo hacía una fuerte crítica a sus contenidos debido a su baja calidad “cultural”,  y en contraparte, se inclinaba por el sistema inglés, caracterizado por su alto contenido educativo.

El informe fue entregado en 1948, sin embargo, la decisión ya había sido tomada con anterioridad. Manuel Ávila Camacho, haciendo uso de su cargo como presidente, había impulsado la llegada de una televisión netamente comercial, similar a la establecida en Estados Unidos. Dicha cuestión se debió principalmente a que “El Presidente Caballero” se había interesado en el terreno de las telecomunicaciones, y una vez relegado de su puesto en el mando nacional, pretendía incursionar como empresario en el fértil terreno que la televisión auguraba.

No obstante, no todo se debió a la premura empresarial del ex presidente, mucho de ello tuvo que ver con el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos logró librarse de la difícil carga económica que representaba sostener una empresa bélica y pudo reiniciar sus inversiones, con gran augurio de éxito, en el terreno mexicano. Aunado a ello, la política menos proteccionista que proyectaba el gobierno alemanista provocó la llegada de nuevas empresas extranjeras, las cuales generaron nuevos bienes de consumo, mismos que debían ser promocionados, y qué mejor medio que la naciente televisión.

Con ello, la televisión mexicana comenzó un largo y controvertido camino por el terreno comercial, mismo que encontró un punto álgido el 25 de marzo de 1955 con la agrupación de los canales 2, 4 y 5 en una misma entidad: Telesistema Mexicano, empresa pionera en el campo de las telecomunicaciones y del monopolio referente a ellas, misma que sentaría las bases para que en 1973 entrara a la escena Televisa, y adquiriera así la TV nacional las características que hoy le son atribuidas.

El último gran paso tecnológico de la televisión en México comenzó en 1960 cuando González Camarena desarrolló el Sistema Bicolor Simplificado, el cual consistió en una estructura basada únicamente en los colores rojo y azul; con esto, la complejidad del sistema se redujo, al igual que los costos, lo que permitió que su aplicación pronto tuviera inserción en el mundo comercial. Fue el 8 de febrero de 1963 cuando la televisión comercial llegó a México, el canal 5 fue el abanderado de dicha premisa y el programa “Paraíso infantil”  el encargado de  su realización.

El acontecimiento fue difundido como uno de los grandes logros nacionales, no se trató solamente de la llegada de la TV a color, éste había sido por gracia del talento mexicano. Su puesta en marcha en gran parte significó, para la sociedad de aquel entonces, la corroboración de un nuevo México, aquel que no solamente se limitaba a imitar lo extranjero sino que era capaz de crear su propia tecnología, incluso el SBS representaba un avance en el campo de la medicina al permitir la reproducción de imágenes más fidedignas en pantallas usadas en el estudio de la anatomía. A grandes rasgos, el país se presentaba como una nación moderna que competía con las grandes potencias e incluso era digna de emular.

Tristemente, un accidente automovilístico fue la causa del fallecimiento de Guillermo González Camarena el 18 de abril de 1965, siendo el SBS su última gran aportación al campo de las telecomunicaciones. No obstante, la consolidación de la TV en nuestro país puede ser considerado como un suceso con poca relevancia en comparación con otras innovaciones como internet o la telefonía celular, sin embargo, es un excelente ejemplo de las múltiples trasformaciones culturales que ya comenzaban a consolidarse en nuestra sociedad a mediados del siglo XX.

Sobre el destino de la televisión mexicana en el terreno comercial, muchas son las críticas que pueden ser lanzadas, es evidente la importancia que tiene en nuestra actualidad, sobre todo en una sociedad como la nuestra donde su manipulación, en el peor de los casos,  puede tener fines políticos oficialistas o desencadenar en aberrantes estereotipos, ¿cuántas personas no se han sentido malditas por no poseer una larga cabellera rubia, un abdomen plano y cuarteado o unos senos descomunales? La cuestión, a ojos de quien escribe estas líneas, no recae en culpar a la “caja idiota” de todos nuestros males, después de todo, culparla sólo a ella sería eximir nuestra capacidad de decisión. Como en todo, hay que conocer de todo, lo bueno y lo malo, desde los programas culturales hasta las novelas del canal de las estrellas, desde Los Simpson hasta los tediosos documentales que ventilan al reino animal en pleno apareo. No sólo para “que no nos cuenten”, sino con la intención de formar un criterio propio de lo que es mejor para nosotros, como individuos y como sociedad, después de todo, ni muy muy, ni tan tan.

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Gerardo Emmanuel García Rojas

Egresado de la Licenciatura en Historia de la FES Acatlán.

Referencias

  1. Lorenzo Meyer, “De la estabilidad al cambio” en Historia General de México, México, COLMEX, 2000. P. 887.
  2. Meyer, Lorenzo, “De la estabilidad al cambio” en Historia General de México, México, COLMEX, 2000.
  3. Orozco,  Guillermo (coord.), Historias de la televisión en América Latina, Barcelona, Gedisa, 2002.
  4. Toussaint , Florence (coord.), La televisión pública en México. Directorio y diagnóstico (2007-2008), México, UNAM, 2008.

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