Conviviendo con Don Porfirio a cada paso que se da.

Porfirio Díaz es, sin duda, una figura controversial a la cual no se le ha dejado de ver como el maldito que se apoderó del poder por 34 años o como el bueno que llevó a México a la modernidad. Sin embargo, día con día muchos de los citadinos y turistas conviven con él, sus pasos se cruzan con sus edificios y monumentos, los cuales actualmente figuran como puntos esenciales de la Ciudad de México, no sólo desde el ámbito político sino también desde el social y el cultural; funcionan como puntos de reunión o como zonas donde los amantes de la bicicleta pueden disfrutar de un paseo, sin peligro, los domingos.

El siguiente artículo desea que el lector se sumerja en la historia urbanística de Porfirio Díaz no para que ame aquella figura, sino para que la entienda desde otra perspectiva, y no sólo eso, para que la próxima vez que pase junto a las construcciones que surgieron en aquella urbanización (tales como Bellas Artes, Correos, El Museo Nacional de Arte, el Hemiciclo a Juárez y los monumentos en Reforma) las mire con nuevos ojos, con unos que entiendan el por qué están ahí.

Porfirio Díaz.

Comprender lo que hizo Porfirio Díaz en la ciudad, la cual, aclaro, abarcaba un poco más de lo que ahora es el centro histórico (llegando a tener parajes desolados donde actualmente está el monumento a la Revolución) es entender lo que pasaba en otras partes del mundo, sobre todo Francia. La capital del amor (París), se había convertido en una de las primeras representaciones de lo que debía ser una ciudad, con bulevares, grandes avenidas llenas de árboles, acueductos, electricidad, monumentos que recordaran a sus habitantes su historia, un centro que contuviera espacios culturales y políticos, etc. Por ello, no sólo Porfirio, sino desde presidentes anteriores, se empezó a seguir aquel modelo de hacer ciudades.

Para un ejemplo de ello está la avenida Reforma, que nos cuenta Salvador Novo, fue ampliada y llenada de árboles por Sebastián Lerdo de Tejada, respetando aquel diseño su sucesor (Don Porfi) porque no sólo se hacía por hermosura sino por higiene, ya que los árboles y bulevares permitían limpiar el aire. Sin embargo, debía dejar en ella su huella. Colocó varios monumentos, teniendo como ejemplo el que le hace a Cuauhtémoc, el de Cristóbal Colón y el monumento de la Independencia de México. ¿Notan algo que una a esas tres construcciones? Son una guía de cómo se dio la historia de México, según Porfirio.

Para él, los indígenas que habían vivido antes de la conquista eran parte fundamental de las bases del actual país, representaban la grandeza de donde habían salido los mexicanos, y Cuauhtémoc era quién había demostrado por última vez la valentía de aquel pueblo, y por ello, él debía ser parte de la construcción de nuestra historia. Después llegó la Nueva España, sin embargo, aquel periodo no es reconocido dentro de la historia porfirista, ya que el salió del bando liberal que le dio al traste a la Iglesia, institución fundamental de aquel periodo. Pero, la raza mestiza, de donde viene gran cantidad del pueblo mexicano y de dónde provenía el mismo Porfirio, se había dado gracias a la llegada de los extranjeros, por eso prefiere colocar un monumento a Cristóbal Colón, quien exponía la unión de los dos continentes: Europa y América. Sin embargo, debía de enaltecerse sobre todas las demás cosas la independencia, el momento en que surgió el Estado-nación mexicano, por ello el Ángel es el más esplendoroso, y sin duda uno de los monumentos más representativos, tanto así que no se puede olvidar como la gente va a rodearlo cuando gana la selección mexicana de fútbol.

Ángel de la independencia-1910

No obstante, la historia no termina ahí, pero para ver donde la finiquita es necesario regresarse hacia la avenida Juárez, llegar a la Alameda y colocarse frente al Hemiciclo a Juárez, que actualmente está frente al Museo de la Tolerancia y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Con este monumento, Porfirio colocó a Benito como parte fundamental del Estado moderno, coronándolo como a un dios griego con laureles, por la Patria y la Justicia. Con ello representaba que los ganadores de la construcción del país habían sido los liberales, quienes eran los exponentes de la democracia y del aplastamiento del antiguo sistema en manos de la Iglesia. Aquel monumento se halla dentro de la Alameda. Ese espacio, diseñado durante la Nueva España, se amplío durante el porfiriato nuevamente con esa idea de higiene, donde las zonas verdes eran de suma importancia.

Y ya casi finalizando, cerca de ahí, es difícil no ver el Palacio de Bellas Artes, construido bajo el régimen porfirista para ser el Teatro Nacional donde se mostrarían las vanguardias culturales de los países occidentales. Aquel edificio, aun cuando se terminó hasta 1916, tiene mucho de aquellos años, donde el arte neoclásico era de suma importancia, ya que era la demostración de que la razón había logrado acabar con el pensamiento religioso.

La arquitectura clásica era la perteneciente a los griegos, quienes inventaron la democracia (aunque en una forma muy diferente a la actual), y este arte fue retomado nuevamente en Francia después de la revolución con intenciones de demostrar que el Estado republicano había ganado por encima de los reyes y emperadores, por esa razón se le llamó neo clásico, ya que nuevamente se hacía presente esa arquitectura y ese modo de pensar. Se entiende entonces por qué mucha de la arquitectura de Porfirio  Díaz (y como ejemplo el Palacio de Bellas Artes) se trabajó bajo esa arquitectura, para demostrar el triunfo del sistema democrático, y sobre todo del grupo de donde  provenía: los liberales.

La ciencia también era importantísima para estos años, no sólo en México, sino en todo el mundo. Loa adelantos tecnológicos eran la demostración del progreso humano y la ciencia era la llave para llegar a ellos. Don Porfi dejó plasmado esto en el edificio de Correos, uno de los primeros edificios en tener un elevador, y que representó, para sus años, una construcción que fue fundamental para mantener bien comunicado al país, no sólo dentro de la República sino con todo el mundo.

Todos estos monumentos y edificios están ubicados en el centro de la ciudad, aquel que desde los años de los mexicas había conseguido ser el punto de poder más importante para gran parte del territorio mexicano. Por ello se colocaron en esa zona, y es también por eso que hasta la fecha siguen teniendo significado. Díaz supo hacer de esa urbanización no sólo una que fuera bonita y mostrará el progreso del país, sino también una que expusiera aquella historia de la cual no quería que nadie se olvidará.

Como se puede observar, Porfirio Díaz siguió el modelo urbanístico de las grandes ciudades, y sin duda uno de sus mayores ejemplos a seguir fue Paris. Las edificaciones son variadas y van desde las avenidas anchas y con árboles, pasando por los monumentos con referencias patrias e históricas, hasta construcciones dedicadas a la cultura. Lamentablemente, ésta ha sido una pequeña semblanza, falta mencionar edificios como el proyecto inconcluso del Palacio Legislativito o el actual MUNAL, pero espero que esto haya sido una chispa para que las personas, cada que crucen por un edificio, sientan curiosidad de saber de dónde proviene.

[note]Contreras Padilla, Alejandra, “La construcción del imaginario de la ciudad moderna durante el Porfiriato” en PDF.[/note][note]______________________, “La ciudad jardín. Huellas decimonónicas en el urbanismo moderno” en PDF[/note][note]Bailard Perry Laurens, El modelo liberal y la política práctica en la República Restaurada 1867-1876, p.646- 699.[/note][note]Eynar Rivera Valencia, “Introducción” en Eynar Rivera Valencia “El desarrollo de la arquitectura histórico- monumental en la Ciudad de México 1877- 1910”, Tesis para obtener el grado de doctorado en Humanidades, México, UAM, 9 de Marzo de 2012, pp. I-XXXIX.[/note][note]fuente[/note]Moya Gutiérrez, Arnaldo, Arquitectura, historia y poder bajo el régimen de Porfirio Díaz. Ciudad de México, 1876-1911, México, CONACULTA, 2012, pp.479.[note]Novo Salvador, Los paseos de la Ciudad de México, México, FCE, 2013, pp.103.[/note][note]Rodolfo Santa María, Arquitectura del siglo S.XX en el centro histórico de la Ciudad de México, México, UNAM, pp.221.[/note][note]Ronislaw Baczko, Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas, Buenos Aires, Nueva Visión, 1991.[/note][note]Valdearcos Enrique “Arquitectura y urbanismo en los ss. XIX y XX” en Clío, Núm. 33, México, 2007, pp.1-16.[/note]