La prohibición de la María Juana y otras sustancias. Los narcocorridos como expresión cultural de su tráfico ilegal.


Cuando hablo de adicción a la droga no me refiero al kif, la marihuana o cualquier preparado de hachís, mezcalina, LSD u hongos (…). No hay prueba de que algún alucinógeno produzca dependencia física. La acción de esas substancias es fisiológicamente opuesta a la acción de las drogas. El celo de los departamentos de narcóticos de E.U. y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre los dos tipos de drogas. 1
William Burroughs

A través del último siglo, tratar el tema del uso y tráfico de drogas ha sido un caso complejo, sobre todo debido al contexto de confusión en el que nuestra sociedad se encuentra inmersa. A menudo nos involucramos, sin antes cuestionarnos, con la “creencia ciega en el discurso de los funcionarios gubernamentales relacionados con las instituciones responsables de la llamada ‘lucha contra las drogas’, discurso cargado de juicios de valor, generador de informaciones a medias y desinformación, discurso con aspiraciones universalizantes”2, tal como lo menciona el sociólogo Luis Astorga. Refiriéndose a esto como un proceso que sólo explica su participación en un contexto Internacional.

Para entender esas realidades en México, es indispensable que indaguemos en el proceso de restricción de dichos componentes, ya que generalmente se producen diversas respuestas frente a la acción de prohibir. Para ello es importante involucrarnos en el contexto actual, a través de las expresiones que conocemos sobre el tema, pues así podremos tener un acercamiento más claro y extenso a los sucesos que nos rodean, con lo que finalmente conseguiremos generar un criterio propio.

La información existente al respecto desde finales del siglo XIX y principios del XX, es sobre el empleo medicinal de varias drogas y en el caso particular de la marihuana, el uso textil que ésta tenía. Tales sustancias fueron administradas años atrás por médicos, veterinarios y dentistas; además su distribución se realizaba de manera legal por medio de droguerías, boticas y farmacias. Incluso hay registros que indican que durante el Porfiriato hubo importación a gran escala de opio (preparado como laúdano), el cual, era utilizado para fines terapéuticos por la sociedad en general.

Sin embargo, tales componentes también eran consumidos con fines lúdicos, es en ese caso donde el uso, principalmente de la marihuana, fue mal visto por la mayor parte de la sociedad. Ésta podía conseguirse no solo en los centros de distribución legal que ya se mencionaron, sino también en otros establecimientos comerciales del país, tal como es el caso del mercado de la Merced.

Es importante aclarar que el consumo de “mota” estaba más relacionado a la denominada sociedad de clase baja, debido a que sus principales compradores eran prisioneros, soldados y “pelados” quienes en gran parte la combinaban con alcohol y tabaco, vicios a los que se relacionaban la mayoría de riñas y robos de la época. Mientras que el opio y sus derivados se ligaban principalmente con casos de adicción y su uso por parte de la clase alta; este último aspecto fue relacionado de tal manera, sobre todo por su alto costo, además de que eran consumidos en distintos fumaderos orientales establecidos por chinos en diferentes ciudades del norte del país. Tales factores influyeron en el hecho de tener una baja aceptación por parte de la sociedad para su uso cotidiano.

Es a partir de la influencia de diferentes reuniones internacionales para la regulación del consumo de drogas a principios del siglo XX, como la Convención Internacional del Opio llevada a cabo en La Haya durante 1912, que se efectuó la prohibición del cultivo y comercio del “cáñamo indio” y la adormidera durante los años veinte (siendo Sinaloa el estado que más las producía) en nuestro país. Además con la legislación de su uso a principios de los años treinta, comienza la persecución de los primeros traficantes y productores, acusados por delitos contra la salud.

Aunado a tales hechos, el aumento en su consumo en E.U.A. durante la Segunda Guerra Mundial, terminó por generar la regulación del uso y producción de las drogas en nuestro país. Esto se fue realizando a través de la desacreditación de sus beneficios, por medio de informes argumentados con historias fantásticas y pruebas de supuestos daños a la salud, los cuales, fueron proporcionados y difundidos por distintos médicos e investigadores, quienes solo contaban con registros sobre adicción, exclusivamente en casos de consumo de opio y sus derivados.

Finalmente esos delitos pasaron de ser juzgados por el Departamento de Salubridad Pública a ser enjuiciados por la PGR a partir de 19473, momento en el que el Estado Mexicano estaba terminando de consolidarse, por lo tanto se convirtieron en delitos federales. De acuerdo a registros existentes desde el siglo XIX, el cultivo de la adormidera y marihuana se relaciona primordialmente con estados del norte de México, como lo son Sonora y Sinaloa. Las deficiencias económicas y políticas surgidas después de la Revolución, dieron pauta al desarrollo del cultivo y tráfico de esta mercancía como un negocio bastante rentable para gran parte de su población. Aunado a esta anticipada aparición de algunos cultivadores y traficantes de drogas, es que surgen intermediarios para comerciar coca desde Sudamérica a E.U.A., consolidándose así un puente comercial en el norte de nuestro país.

A raíz de esa serie de factores y de la prohibición de su cultivo y distribución, que el noroeste mexicano será identificado como uno de los principales focos de consumo, producción y distribución de varios tipos de droga, entre ellos la marihuana y la amapola, así como también la recién producida goma, polvo y otros sintéticos.

Dicha región ha sido desde finales del siglo XX cuna de una de las principales manifestaciones culturales de tradición oral existentes sobre ese fenómeno social, me refiero específicamente a los narco-corridos. Este género musical fue introducido a través del corrido norteño, el cual se involucra directamente con los estados fronterizos de nuestro país, y mediante el que se relatan sucesos reales o ficticios relacionados con el tema. Por medio del uso de epítetos o generalmente de calificativos indirectos es que estos refieren a las acciones, técnicas de contrabando, herramientas y a los actores participantes en tales hechos, dentro de un contexto relacionado de manera no exclusiva con el bajío y norte del país.

"Chalino Sánchez". Portada del disco "Hermosísimo Lucero".

“Chalino Sánchez”. Portada del disco “Hermosísimo Lucero”.

Los temas abordados dentro de esas canciones son diversos, pero uno de los que mejor puede ilustrarnos en el contexto hasta aquí mencionado, son los corridos que describen las acciones de personajes relacionados con el tráfico de drogas. Rosalino Sánchez Felix mejor conocido como Chalino Sánchez, además de interpretar canciones románticas, fue uno de los compositores de corridos que mejor recrearon las hazañas y características de esos personajes a través de sus doce producciones discográficas, ya que “será la caracterización heroica y la novelización y el uso de un discurso con una temática específica, lo que haga que estos personajes se vuelvan héroes y así alcancen la trascendencia al permanecer en la memoria colectiva”4 tal como lo menciona el investigador del Colegio de México Aurelio González.

A través de corridos como “La muerte del pelavacas”, “Eleazar Quintero”, “La dinastía de los Ochoa”, “Juan Ayón”, “El corrido del Bronco”, entre muchos más, su obra no sólo trascendió en Sinaloa y el resto del país, sino que también fue bien acogida en el sur de Estados Unidos. Sobre todo debido al contexto en el que surgen y también a la referencia directa que comenzó a hacer de los personajes que describía, ya que hasta ese momento sólo se les mencionaba de manera indirecta.

Chalino Sanchez fue asesinado en Culiacán, Sinaloa en 1992, después de ello sus composiciones han sido relacionadas por investigadores como la lingüista Lucila Lobato Osorio, con “encargos”5 por parte de diversos participantes del narco o sus familiares, para que por medio de dichas canciones se exalte el nombre y hazañas de esas personas. Pero tales ideas, relacionadas no sólo con este intérprete sino con muchos otros, actualmente no pueden ser confirmadas al cien por ciento, ya que surgen de investigaciones que necesitan ser estudiadas de manera más profunda y amplia.

Así como él muchos otros artistas y agrupaciones como Los Tigres del Norte, Carlos y José, El Gavilancillo, entre muchos más, han sido portavoces e intérpretes de las canciones escritas por autores como Pablo Vargas, creador de la afamada canción “La banda del carro rojo”. De tal manera, y por esos medios, ha sido posible exponer las múltiples aristas del fenómeno social de tráfico de drogas, donde según la DEA cerca de 350, 000 mexicanos laboran de manera directa en algún cartel de drogas.

Por lo menos a través de esta pequeña reflexión nos damos cuenta de que estados del norte como Sinaloa, no sólo son los mayores productores y distribuidores de droga sobre todo por su cercanía con E.U.A., máximo consumidor de estas sustancias. Sino que también se han convertido en el mayor generador de este tipo de música, todo ello como expresión del medio en el que se desenvuelven varios de sus autores y sus consumidores.

Dichas actividades actualmente no se relacionan exclusivamente con el norte de nuestro país, sino que son manifestaciones existentes desde E.U.A. hasta el sur de México y otros países de Sudamérica, debido a que el tráfico de drogas es un fenómeno social preponderante en toda esa región. Es así que como lo dice el periodista César Güemes, esto “se relaciona más a manifestaciones culturales que a cuestiones mediáticas”6 o comerciales, sin por ello excluir su importancia en ese medio. Siendo el escuchar directamente sus canciones la forma más completa por la cual podemos acercarnos a este tema, dejando así de lado los prejuicios generados hasta el momento.

María Guadalupe Ramírez Sánchez

María Guadalupe Ramírez Sánchez. Egresada de la Licenciatura en Historia, con la linea de investigación en estudios Mesoamericanos dentro de la FES Acatlán. Cuenta con estudios en restauración y conservación de obra gráfica sobre papel, en la Academia San Carlos de la UNAM. Además ha participado como tallerista, moderadora, organizadora y ponente en diversos encuentros de Historia.

Referencias

  1. William, Burroughs, El almuerzo desnudo, Barcelona, Anagrama, 1989.
  2. Luis, Astorga, El siglo de las drogas. El narcotráfico, del Porfiriato al nuevo milenio, México, ed. Randomhousemondadori, 2005, p. 14.
  3. Ibidem, p. 27.
  4. Aurelio, González, Caracterización de los héroes en los corridos mexicanos, México, Caravelle, 1999, p.96.
  5. Lucila Lobato Osorio, “Chalino Sánchez: corridos de personaje” en Revista de Literaturas populares, México, 2003.
  6. César, Güemes, “Tres momentos del corrido” en periódico La Jornada, México, 21 de enero del 2001.

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