¿Tú, qué sabes de la muerte de Dios?

El pasado 15 de Octubre fue el aniversario 171 del nacimiento de una de las mentes más brillantes de la humanidad, un filósofo tan extraordinario cuya importancia marca un antes y un después en la Historia de las ideas: Friedrich Wilhelm Nietzsche. En memoria de tan ilustre persona, distintos medios dedicaron un espacio a compartir la sabiduría del filósofo favorito de muchos, al igual que hicieron el pasado mes de Agosto cuando se cumplieron 115 años del fallecimiento del mismo, ofreciéndonos una amplia variedad de artículos y remembranzas de la obra y vida del hombre que nos enseñó a filosofar con el martillo.

Aunque encuentro esto bastante agradable y por demás necesario, me temo que también pudiera derivarse un aspecto negativo de tan noble tarea. Debido a la presencia constante de la figura de Nietzsche, principalmente en los medios digitales, se ha puesto al filósofo en un altar, se ha generado una especie de adoración no sólo en torno a su pensamiento, sino también respecto a su vida e incluso su imagen. A lo largo de la red encontramos caricaturas que exaltan su fuerte semblante y su abultado bigote, gente que tiene su rostro tatuado en la piel, podemos escuchar sus composiciones en el piano, hay descripciones de su rutina diaria, listados de películas con rasgos de su filosofía, y también es conocido por muchos aquella grabación de dudosa autenticidad en la que se puede ver al filósofo en sus últimos y dementes días.

nietzcheTodo esto me parece algo bastante común, pues como ya dije se trata de un hombre brillante cuya obra ha llegado a cambiar la vida de quien se acerca a leerla, volviéndose así algo imprescindible. Mi temor encuentra su lugar en las múltiples imágenes y espacios en los que no hay más que una repetición de las supuestas frases célebres del autor: Sin música, la vida sería un error; Yo sólo podría creer en un dios que supiera bailar; Lo que no te mata te hace más fuerte; Dios ha muerto; entre muchas otras. Si bien pueden tener un impacto directo en quien las lee y ser increíblemente sugerentes, me parece que ofrecerlas en exceso en su forma más simple puede llevar a la incomprensión y malinterpretación del sentido de las mismas. Con ello no se hace sino trivializar el pensamiento nietzscheano volviéndolo un producto cultural digerible, haciendo que tales sentencias puedan ser  repetidas y usadas como cualquier otro accesorio de moda, sin llegar realmente a ser comprendidas nunca.

¿Se entiende ahora cuál es mi temor? Mi temor es encontrar gente andando por ahí haciendo afirmaciones tan serias como la de que Dios ha muerto, sólo porque se le ha presentado a Nietzsche como un autor que debe ser conocido y citado, porque en las redes que frecuenta es el sabor del mes, apoyándose en dicha frase para justificar el ateísmo más simplón y vulgar, más nunca conociendo realmente en qué consiste tan fuerte afirmación. Es por ello que en esta ocasión quisiera hacer una revisión precisamente a la tesis en la que se anuncia la muerte de Dios, así como a las consecuencias de la misma, buscando no otra cosa sino una exposición clara y concisa que pueda llegar a todo aquel que se interese en la filosofía nietzscheana.

La filosofía de Nietzsche ha sido tomada tanto positiva como negativamente, ya sea como posibilidad para nuevas formas de pensamiento, o bien como un atentado a la tradición que deja a occidente con las manos vacías. En otras palabras, ideas como la de la muerte de Dios han sido consideradas como promotoras tanto de un relativismo radical –que cualquier cosa sea válida por muy loca que parezca– como de un nihilismo extremo –que ya absolutamente nada tenga valor–, y esto nos lleva no sólo a el fin de la filosofía y del pensamiento mismo, sino de la sociedad y la vida como la conocemos.

niet2De entrada y en forma simple, con Dios ha muerto, Nietzsche en efecto se está refiriendo al Dios cristiano y la fe en él, pero éstas son sólo metáforas que representan el mundo suprasensible de las ideas e ideales platónicos con las que se le da sentido a la vida; decir que esto muere no es otra cosa sino afirmar que han perdido efectividad. [note]Cfr. Rivero Weber, Paulina, “Locura  y muerte de Dios en la filosofía de Nietzsche” en Theoría, No. 10, México, Junio, 2000, p. 107 – 116.[/note] La muerte de Dios en ningún momento significa que un sujeto barbado omnipotente, omnisciente y omnipresente haya perdido la vida y ya no se deba creer en él, significa que la filosofía y el mundo como era concebido por Platón, y varios otros pensadores a lo largo de casi 2000 años, ya no son válidos pues no dan sentido, no procuran vida. La muerte de Dios sólo es el fin del esquema tradicional platónico-metafísico, de aquella verdad absoluta según la cual se justificaba la realidad en distintos niveles: ontológico, ético, epistémico, etc.

Siendo esto así, es fácil encontrar un quiebre con la tradición y, de alguna manera, el final de la filosofía como había sido entendida, pero dicho fin no tiene por qué dar entrada necesariamente a un relativismo o un nihilismo, no significa que ahora todo sea válido o que ya nada valga; muy por el contrario, Nietzsche sigue teniendo un fuerte interés por la verdad y la validez de la misma, pero en un sentido distinto.

El temor al relativismo y al nihilismo es entendible pues, como lo menciona la Dra. Paulina Rivero Weber en la presentación del pequeño volumen La muerte de Dios, [note]Nietzsche, Friedrich, La muerte de Dios. Presentación Paulina Rivero Weber. México, UNAM: Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, 2003.[/note] sin este valor absoluto que es la verdad, representada metafóricamente por Dios, “parece que nos quedamos en la noche más oscura, con las manos vacías, sin valores sobre los cuales sustentar y comprender nuestra existencia.” [note] Ibid. p. 11.[/note] Parece que ya no hay camino, que se han removido las bases en las cuales andamos día a día y quedamos abandonados en un limbo sin dimensiones ni dirección, algo completamente
aterrador. Es esta aparente falta de fundamento la parte más oscura y negativa de la afirmación de la muerte de Dios porque: si no hay una verdad absoluta y universal que sirva de guía ¿Cómo podemos vivir? ¿Cómo debemos movernos ahora? ¿Qué es correcto y qué no lo es?

niet3

 La intención de Nietzsche no es dejarnos sin rumbo abandonados en la nada, pues “si bien bajo su martillo caen los viejos ídolos, no todo es labor crítica y destructiva, hay una propuesta creativa que nos habla de la posibilidad de inaugurar una nueva era.” [note]Ibid. p. 8.[/note] Nietzsche no quiere la nada, quiere creadores.

Los nihilistas reactivos y relativistas radicales, que ante la muerte de Dios asumen una postura de, en tanto no hay verdad universal, nada importa y todo se vale, no aceptan la consecuencia principal y verdadera propuesta nietzscheana, esto es “crear valores, crear nuevas morales, crear religiones, crear ciencia, filosofía, arte; […] siempre con conciencia de que nuestras creaciones son humanas y no divinas y, como tales, tienen el sello de la finitud: no hay valores absolutos.”[note]Ibíd. p. 14.[/note] De este modo podemos decir que sí hay algo que importa, el hombre y sus creaciones, pero no todas son válidas, sino sólo aquellas que acompañen los movimientos de la vida, es decir, las que tengan en cuenta el carácter móvil y dinámico del mundo, por tanto “…la humana verdad da más en el blanco si se mantiene como una verdad en devenir, mutable, no eterna”[note]Ibíd. p. 15.[/note]

neirCuando Nietzsche nos dice que Dios ha muerto no está renunciando a la razón, sino al modelo establecido de racionalidad, no está renunciando a la verdad, sino al carácter dogmático de ésta; en el fondo quiere que se tome en consideración el carácter cambiante de la realidad, pues sólo así se podrán instaurar nuevos dioses, nuevas verdades, que no nieguen la vida sino que la hagan crecer.

Como dije, es sólo una revisión de una de las ideas centrales en la filosofía de Nietzsche, claramente mucho más profunda que una simple cita, y para nada la justificación ni la instauración de un ateísmo vulgar. Para concluir, ante las recientes efemérides nietzscheanas, sólo quiero pedir que le hagamos justicia a tan asombroso pensador por medio de la comprensión, los conmino a que vayan y lean directamente la obra de este hombre y sientan de primera mano ése fervor que Nietzsche le hace sentir a uno con cada una de sus palabras. Dejen atrás esa insulsa e irreflexiva adoración cual fe ciega, que su espíritu se transforme, vean al hombre como algo que debe ser superado y atrévanse a subirse a esa delgada cuerda para emprender la peligrosa tarea. No dejemos que la lógica materialista y de consumo de este mundo desvirtúe la figura y el pensamiento de este, el filósofo de la vida, el filósofo de los fuertes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *